Deambulo libremente, escucho cuidadosamente y consumo omnívoramente.
— Cuca casado
 
 
 

Soy Cuca —aunque para las cuestiones oficiales sigo siendo M.ª de los Ángeles—. Nací en 1986 y mi vida está repartida entre Madrid, Asturias y Mallorca, lugares que me han enseñado cosas distintas pero complementarias: la velocidad y la permanencia, la ciudad y el arraigo, la intemperie y el refugio.

Soy enfermera de urgencias desde hace casi veinte años. La urgencia es un lugar donde la vida aparece sin teorías: el dolor, la fragilidad, la dependencia, la responsabilidad, el cuidado y la muerte. Allí uno aprende rápido que el ser humano no es autosuficiente, que la dignidad no depende de la fuerza ni de la autonomía y que cuidar no es un sentimiento, sino una forma de responsabilidad hacia la vulnerabilidad del otro. Probablemente todo lo que pienso y escribo nace, de una forma u otra, de esa experiencia. Mi profesión la he ido compaginando con la docencia y con una formación multidisciplinar en distintos ámbitos. Dentro de esa formación, me he especializado en Psicología Legal y Forense, ámbito en el que realicé un estudio sobre la violencia más allá del género. Me interesa especialmente comprender la violencia, no solo como fenómeno jurídico o estadístico, sino como problema inherentemente humano.

He sido invitada a Euromind, foro de encuentros sobre ciencia y humanismo en el Parlamento Europeo, donde he participado en los encuentros «Mujeres fuertes, hombres débiles», «Understanding Intimate Partner Violence against Men», «Manipulators: psychology of toxic influences» y «Los dilemas del progreso».

Coautora del libro Desmontando el feminismo hegemónico (Unión Editorial, 2020).

Intelectualmente me sitúo en lo que denomino una Nueva Ilustración Evolucionista: la convicción de que la razón, la ciencia, el humanismo y la educación siguen siendo las mejores herramientas para combatir la ignorancia, la superstición y las distintas formas de tiranía —también las culturales—. Considero pilares de esta posición la confianza en la razón humana, la libertad de pensamiento y religiosa, la actitud crítica ante las instituciones y la comprensión de la naturaleza humana dentro de un marco evolucionista.

En el plano ético, mi pensamiento se apoya en la Bioética mínima desarrollada por Diego Gracia, que parte de la idea de que en sociedades plurales no podemos compartir una misma idea de felicidad o de vida buena, pero sí debemos compartir unos mínimos morales comunes basados en la dignidad humana, la justicia, la responsabilidad y la deliberación prudente. Entiendo la ética no como un conjunto de normas automáticas ni como un moralismo abstracto, sino como el ejercicio responsable de decidir cuando los valores entran en conflicto y no existen soluciones perfectas. La vida humana no está hecha de problemas técnicos con soluciones limpias, sino de conflictos morales que exigen prudencia, responsabilidad y humanidad.

Sostengo que una sociedad se puede juzgar por cómo cuida y creo que la tarea intelectual no consiste en tener razón, sino en intentar comprender la realidad sin miedo y sin mentirse. Intentar comprender qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué tipo de seres humanos produce esa sociedad.

 
 

Aquí encontraréis mis propias realidades y, también, ajenas.

Un espacio en el que el lenguaje escrito es una vía de comunicación, reflexión y aprendizaje.

Un lugar de desahogo donde quiero construir momentos que tengan su propio ritmo, sabor y devenir.